Habla Anastasio Somoza Portocarrero

Entrevista de Fabián Medina
La Prensa 31 de Enero 2008

Carga con un nombre muy pesado. No es fácil llamarse Anastasio Somoza. Ni haber sido el director de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería de la Guardia Nacional, la famosa EEBI, el cuerpo militar más agresivo de Somoza. Pero la cruz más pesada que carga sobre sus espaldas este hombre de 57 años, rotundamente calvo, alto y más bien delgado, es haber sido señalado durante 30 años como uno de los autores intelectuales del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

“No estoy dispuesto a cargar más esa cruz que me encaramaron”, dice en una extensa entrevista concertada en un café de Guatemala, donde vive “a bajo perfil” desde hace 28 años. Ni su casa, ni su oficina, sino un café escogido por él. Sin embargo, se mueve sin escoltas y deja fotografiarse. Los tiempos cambian.

Dice estar dispuesto a someterse a una prueba con “el polígrafo más fuerte del mundo” para demostrar que no tuvo participación alguna en lo que califica como “horrendo crimen” sobre una persona a la que tenía “aprecio”.

Durante ocho horas, Anastasio Somoza Portocarrero, “El Chigüín”, habló para LA PRENSA. No quedaron temas sin tocar. Desde su amistad con Camilo Ortega, hermano muerto de Daniel y Humberto Ortega, hasta Dinorah Sampsom, la amante de su padre, y por supuesto, la muerte de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, que es el tema con que iniciamos esta serie a propósito de los 30 años de ese magnicidio.

El hombre que entra con 10 minutos de retraso al Café Vienés, de Guatemala, no parece el militar que ocupa un lugar privilegiado en la historia de violencia de Nicaragua. Pelón, delgado y muy alto, con porte de caballero. Busca, y rápidamente localiza al equipo de LA PRENSA que lo espera.

—Anastasio Somoza —se presenta y mira con desconfianza al fotógrafo que ya ha comenzado a esgrimir su cámara—.

—No me dijiste que venías con fotógrafo —recrimina sin mucho empeño.

Vencidas las desconfianzas, acepta al fotógrafo y colabora en la búsqueda de un lugar con menos ruido para grabar. Él mismo lleva una grabadora y una dotación de casetes. La grabadora le da problemas.

—No la usaba desde la entrevista con Xiomara (Chamorro, hace siete años) —bromea. Logra poner a funcionar el artefacto y finalmente dice estar listo—. Pregunte lo que quiera.

Fueron ocho horas de entrevista. La verdad es de muy fácil hablar. Tiene una voz grave, muy parecida a la de su padre, Anastasio Somoza Debayle, aunque físicamente es más cercano a su abuelo, el otro Anastasio Somoza, el fundador de la dinastía. Su acento es muy nicaragüense y escoge con mucha propiedad la palabra a utilizar, recurre frecuentemente al inglés para mostrar sus comentarios más personales.

Anastasio Somoza Portocarrero, conocido como “El Chigüín”, es el primer hijo de Anastasio Somoza Debayle y doña Hope Portocarrero. Vivió en Nicaragua hasta los 12 años, y estudió en el Colegio Pedagógico La Salle, donde confraternizó con el posteriormente héroe sandinista Camilo Ortega, hermano del presidente Daniel Ortega.

Estudió en Harvard y estuvo a cargo de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), el cuerpo élite de la Guardia Nacional, al que se acusa de numerosos y graves abusos durante la guerra de insurrección, a finales de los años setenta.

Desde el derrocamiento del régimen de su padre, ha vivido en el exilio, la mayor parte en Guatemala, donde dice llevar algunos negocios personales y estar enfrascado en la formación de sus hijos. Nunca regresó a Nicaragua.

Desde hace 30 años, a Somoza Portocarrero se le ha acusado de ser la mano que estuvo tras el asesinato del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (PJCh), el 10 de enero de 1978. Esta entrevista busca conocer su versión de los hechos. Ni limpiarlo ni inculparlo.

¿Qué fue lo que pasó ese 10 de enero de 1978? Reláteme un poco su día…

Ese día, a la hora del cruel asesinato del doctor Chamorro —que fue algo terrible para toda Nicaragua— estaba yo sentado en mi oficina, en un galerón en la Escuela de Entrenamiento (EEBI), con un oficial de la misión militar americana que me estaba visitando porque estábamos viendo cómo armar una policía civil para evitar el tener que involucrar gente entrenada como soldados en el mantenimiento de la paz en Nicaragua, cuando de repente recibí una llamada del general José Somoza que me dijo muy sencillamente: “Hijó, venite a mi oficina que algo terrible ha pasado”. Obviamente en ese momento, sabiendo que mi padre estaba en recuperación de su infarto que tuvo en Montelimar, lo primero que se me vino a la mente es que el general tuvo un relapso, algo le pasó. Yo le pregunté a don José: “¿Qué pasó?” Sólo se limitó a decirme: “¡Vení!” Entonces le dije yo (al militar norteamericano):

—I got to go. General José is calling, he says it's urgent and it's something very important. (Me tengo que ir. Llamó el general José y dice que es urgente y algo muy importante). Nosotros teníamos una relación muy abierta con ellos. ¿You want to come? (¿Querés venir?).

—No, no, it could be personal (No, no, puede ser personal).

—Well, fine, no problem, I’ll let you know as soon as I find out what’s going on. (Bueno, está bien, no hay problema, te informaré tan pronto sepa qué está pasando.

Y me fui a la oficina del general, en el Primer Batallón Blindado y me encontré con una escena. Personas que yo conocí desde chiquito con unas caras de angustia, gente mucho mayor que yo. Entré y dije: “¿Qué pasó?” El general Armando Fernández, que estaba ahí, me dice: “Una tragedia”. Vuelvo a preguntar: “¿Qué pasó?” Entonces don José me dijo: “Acaban de matar a Pedro Joaquín”. Y yo le dije en inglés: “Holy Jesus! (¡Santo Dios!) ¿Ya le avisaron al General?” “Estamos en el proceso de llamarlo. Pero queríamos que estuvieras aquí, porque como es tu papá, y no sabemos el impacto que pueda tener esta noticia, queremos que vos se la digás”.

A mí no me toca decirle esto, pero es mi papá, y si le va a dar algo que lo va a golpear, a mí me toca. Paso la llamada a Montelimar y al otro lado contestó el ayudante, el hoy finado general Adonis Porras. Ellos habían estado escuchando la radio. Yo no tenía idea. Me dice: “No le hemos dicho nada al general”. “Ponémelo”, le digo. Y al mismo tiempo le dije: “Tené listo el team (equipo) médico porque no sabemos cómo va a recibir esta noticia el General”.

Esta es mi versión, obviamente hay otra versión, que es la de él, que sale en su libro. Le dije en inglés:

—Dad, we have terrible news (Papá, tenemos terribles noticias) —porque nos hablábamos en inglés.

—What happened? (¿Qué pasó?).

—Pedro Joaquín Chamorro has just been shot and killed in the middle of Managua, (Pedro Joaquín Chamorro acaba de ser tiroteado y ha muerto en el centro de Managua).

—Holy Jesús! (¡Santo Dios!) —Entonces usó otras palabras muy nicas— a la gran p… ¿Y cómo fue? Let me sit down. Do you have any details that you’ll know. (Dejame sentarme, tenés detalles que sepás).

—I think you better speak to General José and the senior officers. (Mejor hablás con el general José y los oficiales mayores).

—Hold on a minute, let me catch my breath. (Esperate, necesito recuperar el aliento).

—¿Are you all right? (¿Estás bien?).

—Yeah, but, holy Jesús! (Sí, pero ¡Santo Dios!). Pasame al general José.

—Sí señor.

Le pasé al general José y ya le dio toda la información de lo que había visto la Policía en ese instante. Yo por mi lado llamé de vuelta en otra línea en Montelimar para hablar con el ayudante y decirles: “¿Cómo está el general? ¿Tenés el equipo médico listo?” Inmediatamente llamé al oficial en la misión militar americana a decirle:

—Jesus Christ, some jerk has gone out and killed Pedro Joaquin Chamorro. Holy Christ! (Jesucristo! Algún imbécil mató a Pedro Joaquín Chamorro. ¡Santo Dios!).

—Oh My God, yeah, this is terrible! (¡Dios mío, sí, esto es terrible!).

—Pass it on up the chain, I guess you better inform the ambassador. Because I don't have his number and it's not my job, I mean, this is a government thing. (Pásalo a la cadena. Mejor informale al embajador porque yo no tengo su número y no es mi trabajo, digo, esto es un asunto de gobierno).

Me quedé viendo a los oficiales, a todos. Ahí se había llegado a concentrar más gente donde don José. Todos con una cara de aflicción. Gente valiente, gente seria, gente de familia, pero con caras de verdadera aflicción. Para nosotros era una cosa tremenda.

¿Por qué?

Por lo que representaba, y todavía representa y siempre representará la imagen del doctor Pedro Joaquín Chamorro ante Nicaragua, ante el mundo, ante la prensa, y lo que representaba para nosotros. Era un hombre que por más que haya batallado a diestra y siniestra a favor de lo que él creía, era un hombre que conocíamos, un hombre al que habíamos tratado. Un ser humano que estaba batallando por sus creencias. Yo sabía, los oficiales de la Guardia Nacional sabían, que muchas veces había sido protegido. Él puede haber dicho que era vigilado, pero había mucha preocupación de que le pasara algo a él siempre. Porque en sus campañas él siempre tendía a ser muy fuerte y hay gente que no respeta la vida.

¿Cómo es que lo protegían?

Obviamente el doctor Chamorro nunca, pero nunca, permitió que se le diera protección al estilo que da el Servicio Secreto en Estados Unidos o el FBI o el equipo de protección personal que creo que tiene la Policía (de Nicaragua).

¿Se lo propusieron?

No me consta de pláticas que hayan hablado con él. Recuerde que cuando muere el doctor Chamorro yo acabo de cumplir 26 años. Pero creo que él se daba cuenta de que ahí en el parque de Las Palmas había un carro, él decía que lo seguía para vigilarlo, puede que haya sido, puede que no, pero sí sé que en las pláticas que se hacían entre personas del Gobierno, más que todo de la Guardia Nacional, el General siempre insistía: “Cuidado le pasa algo a ese hombre”. Cuando tuvo enfrentamiento entre él y otras personas que militaban en sus bandos, el Partido Conservador, UDEL, todas… Había gente que, aparentemente no le tenían aprecio, y no tenían la preocupación que tenía el Gobierno, que todos nosotros teníamos, en el sentido que el doctor Chamorro era un símbolo. Cuando el general viajaba a Estados Unidos se llevaba un par de copias de LA PRENSA, entonces cuando un reportero le preguntaba sobre democracia en Nicaragua o le decía que Nicaragua es una dictadura, entonces el General sacaba un número de LA PRENSA y le decía: “Lea esto y dígame si esto se puede publicar en una dictadura”.

¿Usted me está diciendo que en el más alto círculo del somocismo le tenían aprecio al doctor Chamorro?

La generación mía creció conociendo al doctor Chamorro a través de su periódico y a través de roces sociales con sus hijos. Era una familia de bien, gente conocida, vivían al lado de la familia Ulvert que nosotros visitábamos mucho, ahí, en el parque Las Palmas. No era una persona extraña para nosotros. Para el General, Pedro Joaquín fue su eterno rival, aparentemente desde que eran chavalos en el colegio. De ser el joven fogoso involucrado en una serie de acciones militares, o seudomilitares, ya en los años sesenta agarra seriamente la batalla periodística dentro del espacio que tenía. Él sabía que su espacio era ilimitado a menos que estuvieran conculcadas las libertades públicas, cosa que nunca le sirvió bien a nadie. Ni a LA PRENSA ni a nosotros.

Voy a insistir en la pregunta: ¿Aprecio definiría el sentimiento que ustedes sentían hacia el doctor Pedro Joaquín Chamorro?

Aprecio, diría yo, como una figura importantísima en Nicaragua. El General nunca hablaba mal de él, más bien decía que nunca había que odiar.

¿No teme que estas palabras sean tomadas como cinismo de parte suya?

No, porque hay personas que conocen… Mi generación, que es de la que yo puedo hablar, saludaba al doctor Chamorro cuando nos veíamos en misa. No había una relación de no tocarlo, pues. Ya el General era otra cosa, nunca hablaba del doctor Chamorro, más que para enseñarnos de que había que tener una mente abierta siempre para lo que criticaba.

Pero hay un registro de carceleadas...

Ah, no, no. Yo estoy claro… Pero si usted ve qué llevaba a los momentos en que el doctor Chamorro era detenido, eran acciones que si las hacen hoy en día igual lo llevarían ante un juez: actos armados, Olama y Mollejones, que son los que vienen a mi memoria.

También a la muerte de su abuelo, el doctor Chamorro va preso simplemente porque era oposición…

Leí el libro del doctor Chamorro, Estirpe sangrienta..., cuando yo tenía 12 años. Me lo encontré en un archivo y me lo leí de punta a punta, para ver qué era lo que decía. Comparando lo que él decía a lo que yo veía en la realidad, me di cuenta que, si bien puede haber pasado lo que el doctor Chamorro describe en su libro, ya no estaba pasando. Ya era algo que no era bien visto. Con el asesinato de mi abuelo, en la Casa del Obrero, en León, la reacción se puede haber pasado de mano en muchos casos, no sería, digamos, el tipo de investigación moderna que podríamos hacer hoy en día. Porque no había ni los métodos modernos y era algo que tocaba directamente a las autoridades. La muerte del general Somoza García fue algo que le cambió la vida a mucha gente. La reacción debe haber sido feroz. Yo no estaba en Nicaragua en ese entonces.

¿Conocieron algún plan contra el doctor Pedro Joaquín Chamorro que no llegó a ejecutarse?

Yo, en lo personal, no. Que puedan haber habido, las autoridades de la Policía, de la Oficina de Seguridad, es posible que se hayan dado cuenta. Pero yo no puedo decir que aquí hubo un plan para hacerle daño al doctor Chamorro… No. Y en eso yo me someto a un polígrafo. Cuando querrás.

Entonces esa protección que dice usted que le daban ¿era simplemente una corazonada?

No sé... No sé… Recuerda que yo me fui de Nicaragua a los 12 años a estudiar a Estados Unidos y venía sólo en vacaciones. Y lo que aprendí no era porque yo era parte de nada, sino porque pelaba la oreja como dicen en Nicaragua. Decimos. Oía pedacitos de las cosas que decían, veía al general Montiel hablar con mi papa y decir: “Estamos protegiendo a Pedro Joaquín”. Uno no preguntaba a esa edad qué está pasando.Mi papa nunca nos decía: “No hablen con ese hombre”. Nosotros le contábamos las veces que lo veíamos. Para nosotros era como ver VIP... ¿Me entendés? Uno de mis hermanos tuvo una admiración por una de las hijas del doctor Chamorro, y no me voy a meter en ese enredo de explicarlo. Como chavalos se escapaban el uno de la casa del otro y se encontraban, siempre rodeados de amigos... Era una relación más, Montesco y Capuletos.

Retomando el hilo de su día, usted se entera, hay caras largas… ¿En qué momento siente que el dedo público lo está señalando?

Yo no siento que me están señalando hasta varios días después que comienzo a ver... ¿y esto qué es? Comienzo a oír que yo pudiera haber estado involucrado en ese acto tan horroroso. Y por otro lado me doy cuenta que en el proceso de investigar la muerte del doctor, el General ha ordenado que sea un nuevo equipo completo de personas que lo investigara, no la gente involucrada en trabajos de Inteligencia o Policía. Y me dice a mí: “Stay away of anything to do with Pedro Joaquin's death because some evil son of a bitch is trying to pin it on you. (Alejate de cualquier cosa que tenga que ver con la muerte de Pedro Joaquín, porque algún maldito hijo de puta está tratando de culparte)”. Así con esas palabras.

Obviamente, cuando comienzo a ver y a oír, yo digo: “¡Mamita linda! La muerte del doctor Chamorro me la están queriendo encaramar a mí”, y yo estoy diciendo: “¡Momentito! Aquí alguien está manufacturando esto por razones, obviamente de hacerme mal, por razones políticas, pues”. Que tiene que haber sido una mente bastante malévola o alguien que sabía lo que estaba haciendo. La primera pregunta que se hace cualquiera en una investigación de un crimen es: ¿a quién le beneficia el crimen? Y por donde usted lo busque, a ningún miembro de la familia Somoza le beneficiaba la muerte del doctor Chamorro.

Pero es extraño que se sorprenda de que lo empiecen a mencionar a usted si reconoció que el doctor Chamorro era el principal rival, enemigo, de la familia Somoza…

No, no. Él era el principal opositor en su medio. No políticamente. Políticamente el doctor Chamorro, como ya es récord público, trató de armar una serie de alianzas, de movimientos políticos, etc. Pero su valor enorme en Nicaragua, como lo ha demostrado la historia, era el valor simbólico, no el valor político. La antorcha de la libertad. Usted me dice rival político, yo le digo el doctor Agüero.

Que al final fue aliado.

Que al final fue una persona que le buscó a Nicaragua una transición diferente. No aliado.

Dice que días más tarde es que empieza a sentirse acusado del crimen. Pero el mismo día usted mandó unas flores al funeral...

Sí, como toda persona decente que ve que alguien que ha admirado, y con quien yo personalmente no tenía más que una relación personal. Era un hombre... qué querés que te diga, que le decía “hola” cuando le veía. “Doctor, buenos días”. Y veo que lo asesinan, y yo, como se estilaba en Nicaragua en los tiempos en que la decencia imperaba, mando unas flores por dolor de ver esto que nos afecta a todos. Fue un acto, quizás políticamente naïf (ingenuo), pero de corazón.

Le decía que cómo es posible que hasta varios días después usted se siente acusado, si ese mismo día destruyeron las flores que usted mandó y el titular de LA PRENSA de ese día inculpaba a la familia Somoza: “Mandaron a asesinarlo”.

Una cosa es que inculpen a la familia Somoza y la otra es la pregunta que tú me hiciste, si yo personalmente siento que me ponen el dedo a mí. Culpa a la familia Somoza desde el momento cero. Porque obviamente era el blanco fácil.

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Hope Portocarrero de somoza.

Dinorah Sampson

La Nicolasa Sevilla

 

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