La
“Colacha” y sus tropas de asalto Los usaron sustentando a las hordas que comandaba la “Colacha.” En esas agrupaciones incluían a empleados estatales, inclusive profesionales y ministros. Pero el grueso social lo constituía gente que vivía en caseríos marginados (La Rebusca, Viet Nam, Quinta Nina, Los Pescadores, Acahualinca y otros). Una parte eran trabajadores del Ministerio del Distrito Nacional y del Ministerio de Fomento y Obras Públicas, o Plantel de Carreteras. Muchos eran desocupados. Para transportar su claque, en las dependencias citadas, a la “Colacha” le proveían de camiones y otros vehículos. La “Colacha” organizaba manifestaciones. Con su gente nutría velas, entierros, apoyaba inauguraciones de obras, mítines, comparecencias de los Somoza, apoyaba sesiones del llamado “Congreso” (Cámara de diputados y senadores) o “Chanchera.” No faltaba en las famosas “Cortes y Tribunales Militares,” atormentando a familiares de acusados. También atacaba marchas de campesinos que reclamaban tierras y justicia. Reuniones de estudiantes, asambleas sindicales, Convenciones de partidos, destrucción de imprentas (El Gran Diario) radioemisoras (Radio Mundial), La Prensa, en Calle El Triunfo y otras depredaciones. La “Colacha” “recomendaba” para que emplearan a los correligionarios, de toda categoría. Esa dama entraba y salía de las instituciones, daba órdenes. Los ministros y coroneles la “respetaban.” Era poderosa. Las acusaciones contra ella no avanzaban en los juzgados. Era otra vacunada contra la Justicia. Indudablemente, recibía buena paga y prebendas. Disponía de medios y de recursos para satisfacer a la gente que la seguía obediente e impune. La “Colacha” con su gente invadía áreas de reuniones, y la GN le autorizaba antes que a otros, para que no se concentraran. Decenas de manifestaciones fueron atacadas por los nicolasianos. La “Colacha” aterrorizaba a los no somocistas. Ponía bombas zaguaneras, de las que fabricaba “La Caimana.” En los Cantones Electorales, hay que decir que el personal era empleado a sueldo del Tribunal Supremo de Elecciones (por algún tiempo dirigido por el abogado Modesto Salmerón). Donde apareciera doña “Colacha”, imponía terror, garrote y sangre. Ella apaleaba a los “cachurecos,” apodo de conservadores, pero así calificaban a opositores de la dinastía. La “Colacha” con sus bandas asistía a misas. Recibía la Hostia. Apoyaba procesiones, más si en esas demostraciones asistían miembros de la Dinastía. Formaba
multitudes donde los Somoza realizaban actos, así Novedades
demostraba la “popularidad” del somocismo. Pero, los años
pasaron, los sucesos condujeron al triunfo de la Revolución
Popular de 1979. En manos de una parte de sus enemigos, enfrentando la pena de no estar en libertad, sin poder y joder como acostumbraba, despojada de bienes, la “Colacha”, supuestamente, enfrentaría la Justicia de sus víctimas, ella y sus seguidores. Pero no sucedió así, pues fue excarcelada. Burlándose, la ofendía, y ofreció “podrirla en la cárcel.” Pero “...por ser una vieja decrepita e inservible...” y otros epítetos colmados por un comandante ministro, se fue de Nicaragua. Supuestamente
para Venezuela. Premiada, impune. Pero el fantasma de ella con su
claque, ahora en pandillas mixtas, “los nicolasianos”
nos viven atormentando. Se multiplicó. Sus rostros, sus imágenes,
se ven en varias rotondas de Managua. Esos demonios no descansarán
en paz. Ahora son más, “rezan, celebran”. Necesitamos
de alguien que los pacifique. Leer también: Habla Anastasio Somoza: “Mi Gobierno, Mi Caída, Mi Exilio” Lea sobre los sucesos del 22 de Enero de 1967 Entrevista de La Prensa al Chigüin
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