El asalto de Somoza a los alemanes II parte
(El Nuevo Diario 06 de Enero 2005)

Los ancianos alemanes, algunos de ellos con más de cincuenta años de residir en Nicaragua, tampoco escaparon del encarcelamiento y la humillación de Anastasio Somoza García.

El abuelo y el padre de don Jorge Hayn Vogl fueron otras de las víctimas del dictador: ambos fueron echados presos en “El Hormiguero” el mismo día que estalló la Segunda Guerra Mundial. Jorge era apenas un adolescente de 13 años.

“Los alemanes fueron perseguidos con saña y sin compasión por el gobierno de Anastasio Somoza García y enchiquerados en la cárcel de ‘El Hormiguero’, tan apretados que no se podían acostar todos a la vez, y más de 300 prisioneros no disponían más que de un solo inodoro, sin agua corriente.

Nadie se preocupó de cómo alimentarlos, sus bienes fueron usurpados y las esposas pasaban angustias indecibles, tratando de salvar algo de la rapiña para dar de comer a sus esposos e hijos”, es el testimonio de don Jorge, quien recuerda que Somoza García no tuvo la mínima piedad ni con los alemanes más viejos.

Ancianos venerables

“Ni siquiera se salvaron venerables ancianos alemanes como don Francisco Brockman, Urilko Eitzen, Otto Kühl, Alberto Vogl, Gustavo Stelzner, Luis Frenzel y Eugenio Lang. Todos fueron empujados al hacinamiento sin compasión alguna. Gracias a monseñor González y Robleto, a los ancianos les dieron casa por cárcel donde sus hijas casadas con nicaragüenses. El resto de los alemanes fue deportado masivamente a los Estados Unidos”, señala don Jorge.

Su abuelo materno, don Alberto Vogl --quien ya era un anciano--, estuvo tres días preso. Él había llegado a Nicaragua en 1893 durante el gobierno del general Zelaya, quien les hizo una oferta de dar terrenos a cambio de sembrar café. Así vinieron los alemanes que, encantados por el clima, se instalaron en Matagalpa.

“Era gente que estaba acostumbrada a vivir bien, y en ‘El Hormiguero’ dormían de pie o se turnaban para hacerlo, porque las condiciones eran deprimentes”, recuerda don Jorge.

Los descendientes de los alemanes tampoco escaparon del atropello de Tacho Somoza, y algunos ni sabían por qué estaban siendo detenidos.

Don Jorge recuerda cuando el nieto de un alemán fue traído amarrado desde su finca en las montañas del río Upá, cerca de Matiguás, preguntando extrañado:

“Por qué me trajeron aquí: ¿por liberal o por conservador?” Ni siquiera se había enterado de que había comenzado la Segunda Guerra Mundial.

En los campos de concentración

El padre de don Jorge, don Carlos Hayn, llegó a Nicaragua en el año 1910 a trabajar como contador en una empresa de importaciones y exportaciones de Alemania. En 1914 regresó a su tierra natal a integrarse en el Ejército de su país, pero en 1920 regresó a Nicaragua a honrar su compromiso de matrimonio. El ocho de diciembre de 1941 (un día después del ataque japonés a Pearl Harbor), don Carlos es destituido de su cargo de gerente general de la sucursal del Banco Nacional de Matagalpa y ese mismo día es detenido y llevado a El Hormiguero. Luego es trasladado a la Quinta Eitzen, confiscada al alemán Enrico Eitzen, conocida luego como “la Mansión de Luis Somoza”.

“En 1942 mi padre es deportado conjuntamente con el resto de alemanes, italianos y un japonés --un pobre viejo que residía en Corinto--, y (todos) confinados en campos de concentración en los Estados Unidos”, dice.

Los alemanes fueron llevados inicialmente a Wichita Falls, Texas, desde donde los distribuyeron en numerosos campos de concentración en todo el territorio norteamericano.

“A mi padre le correspondió permanecer hasta 1943 en el campo de concentración en Keneddy, Texas, luego fue transferido a otro campo de concentración en Bismarck, Dakota del Norte”.

Los alemanes, italianos y japoneses residentes en los países latinoamericanos (a excepción de Argentina) fueron internados en esos campos de concentración con el pretexto de que podrían ser espías.

Se negó a ser canjeado

En 1945, el Gobierno norteamericano dispuso canjear alemanes detenidos en territorio norteamericano por soldados gringos, prisioneros en Alemania.

Un fuerte grupo de alemanes, entre ellos don Carlos, se opuso a la deportación, pues todos ellos tenían sus esposas, hijos y hasta nietos en Nicaragua.

Don Jorge expresa que contrataron los servicios de un prestigioso abogado de Nueva York, Mr. George C. Dix, quien interpuso un recurso de Habeas Corpus en Cortes norteamericanas para evitar la deportación, logrando en esta forma detener el proceso mientras la Corte resolvía el amparo.

Pero la rebeldía contra los gringos y las ansias de regresar a Nicaragua les haría pagar otro costo: por negarse a ser deportados fueron confinados en Ellis Island, un islote situado frente al puerto de Nueva York, utilizado como sitio de cuarentena para los inmigrantes.

“En ese sitio permanecieron hasta 1946, cuando la Corte falló en su favor y pudieron regresar a Nicaragua una vez finalizada la guerra”, narra don Jorge.

El despojo a don Julio Bahlke

Somoza arrasó con todos los bienes de los alemanes y no respetó propiedades ni chiquitas ni grandes. Al alemán Julio C. Bahlke le confiscó extensas cantidades de tierra, valoradas en una fortuna.

Don Julio tenía sobre sus propiedades una hipoteca del Banco de Londres, que era únicamente una pequeñísima fracción del valor total de sus propiedades, pero desafortunadamente la hipoteca gravaba el total ellas.

Don Jorge narra que cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el Banco de Londres aceptó cancelar la hipoteca que era, según sus herederos, de 300,000 córdobas. Sin embargo, el decreto de confiscación de los bienes alemanes por el gobierno de Somoza García, establecía que todos los negocios alemanes quedaban en “lista negra”, lo cual impedía disponer de los bienes de las empresas para cubrir créditos y cancelar hipotecas.

Por unos pocos centavos

Valiéndose de la Guardia Nacional e inventando una subasta que nunca existió, Somoza García se apropió de todas las tierras de don Julio por unos pocos centavos.

Cuando el Banco de Londres subastó las propiedades de Bahlke, la Guardia Nacional rodeó el edificio impidiendo la entrada a otras personas, excepto a un alto militar, guardaespaldas de Somoza García, quien portaba dinero en un maletín con el valor de la subasta y en nombre del general Anastasio Somoza García, adquirió por unos centavos todas las propiedades de don Julio.

“Somoza fue el primer confiscador de bienes en Nicaragua, lo que aprovechó en beneficio propio al apoderarse de todos los bienes, extensísimos por cierto, del ciudadano alemán Julio Bahlke”, acota don Jorge Hayn, al contarnos la historia.

Las propiedades de Bahlke eran entre otras: Hacienda de Café Alemania, en Las Sierras de Managua, con 1,5 millones de cafetos; beneficio de café y aserrío (que posteriormente tomó el nombre de Santa Julia); Hacienda San Isidro, en el Camino de Bolas, con 100,000 cafetos; extensos terrenos en El Retiro, que en aquel entonces quedaba en las afueras de Managua y que hoy cubren todo el sur de la capital (UCA, UNI, ex centro La Piñata, ENEL, Injude, etc.); terrenos El Guayabal, haciendas La Flor y El Silencio cerca de Managua, Hacienda Jigüina en Jinotega; el Ingenio azucarero Montelimar (incluyendo los terrenos del Hotel Barceló-Montelimar); edificios de la avenida Perpetuo Socorro, casas y terrenos a lo largo de la calle del cementerio, haciendas ganaderas y de queso en Nagarote, etc.

En el caso de la familia Hayn, y como presintiendo lo que iba a suceder, don Carlos le trasladó las propiedades a su esposa, que era ciudadana nicaragüense.

“Hay cosas bien habidas y otras que duelen y chorrean sangre, en el caso de los alemanes son mal habidas”, responde don Jorge cuando se le pregunta sobre las pretensiones de los herederos de los Somoza de recuperar los bienes de su familia, entre ellos la Cementera.

En su caso, el dolor más grande fue la pérdida de libertad y la posterior deportación de su padre. En 1995, casi cincuenta años después, visitó con su hijo el pueblito de Keneddy, en Texas, para investigar lo que quedaba de ese sitio, y sólo se encontró con un pueblo norteamericano desinformado, que le manifestaba que no sabía que allí había existido un campo de concentración.

Don Jorge señala que todo esto es parte de la historia de Nicaragua y de los nicaragüenses descendientes de alemanes, una historia, que según sus propias palabras, está casi olvidada pero que es necesario recordar para memoria de todas aquellas personas que dedicaron su vida a Nicaragua y sufrieron “tan injusto y arbitrario destierro”. (El Nuevo Diario 06 de Enero 2005)

Para mayor información escríbanos : info@nicaragua-actual.info


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